domingo, 28 de octubre de 2012

Anémona infinita

 

 

 

Me puse de puntillas para asomarme a la ventana con el cristal empañado que había en aquel cuarto de baño. Pasaba mi mano por el cristal para contemplar la imagen del mar estrellando sus olas contra el acantilado. Reposaba mi cabeza sobre mi brazo mientras pensaba que allí estaba mi lugar, que a pesar que su decisión fuera que no se quedaba, esta vez yo no me iría de allí, porque era allí donde debía estar. Sabía que esto no era más que una historia limitada para él y una historia sin final para mí. Era obvio que vivíamos en distintas realidades.


Volví a dejar mis pies en su lugar original y atravesé la puerta para llegar a la enorme antesala que precedía a aquel acogedor salón colonial. Estaba por fin en mi casa y a partir de ese momento, con historias nuevas que empezar a contar.


Desperté pensando en que había tenido un sueño maravilloso, ideando un cartel que colgar, escribiendo una idea al aire. Al fin y al cabo, un mensaje subliminal de supresión de las limitaciones sentimentales en mi ilimitada realidad.


Sea bienvenid@ a mi morada quién no porte fecha de caducidad.

 

                                                                                           20 Junio 2012

No hay comentarios:

Publicar un comentario