Cuando me dijiste que tenías que irte unos días, me
reprochaste no pensar en ti. Es cierto, mientras tú pensabas en una pérdida de
retransmisión televisiva yo, pensaba en Nosotros, cosa que no entendiste o no
pudiste ver. Una vez más, los momentos pensados pasaban a ser momentos
perdidos. Una vez más, erré ante una carta de presentación mal-entregada. Se me
torció el morro al ver como intentabas disfrazarme de verdugo. ¿ Crees
que alguien en su sano juicio se arrancaría voluntariamente el alma si pudiese evitarlo?, yo preferiría que me la arrancasen si tuviese el privilegio de
decidir.
No quiero pensar que soy o eres, más necesario que lo preciso.
Reconozco mis comienzos, mis miedos absurdos y mi afán de sentirme útil. Bastó
con hacer un rápido visionado del pasado para saber que, yo era la primera que
no soportaba que la tratasen como una invalida. Que siempre reclamaba mi
espacio y mi autonomía. Créeme que siento aquellos días con pesar y
desconsuelo, no fui capaz de tomar conciencia de mis propias miserias hasta que
pisé el pedal de freno.
No quiero que me mires como si fuese un náufrago que se
agarra a los momentos como si fuesen los trozos del barco hundido, ni como un látigo que intenta hacer tiras con la piel que
acaricio. Tan sólo preciso de momentos ( a solas) de nuestras charlas, nuestras
risas, nuestros gozos más íntimos, de todo lo que hemos construido, de lo
Nuestro con mayúscula.
Estaré esperando tu vuelta antes de que te hayas ido, con
ese champagne pendiente y con más amor si cabe.

No hay comentarios:
Publicar un comentario